14
jun

AMOR DIGITAL (Tinder y Otras Formas de Amar)

Érase una vez, en el encumbre del más alto torreón, una princesa que habitaba encarcelada a la guarda de su príncipe azul… Mec, error. Omite esta versión, olvídala y deshazte de ella si no quieres ser tú quien acabe encerrado en el castillo para siempre, las reglas del parchís (por fin) han cambiado. Y perdonad, pero ya era hora de que evidencias aceptadas unánimamente, convicciones que nos hemos tenido que tragar belicosamente y que se nos han clavado como cuchillos y puños, fueran reconsideradas, o al menos subidas de volumen. Ya no hay vuelta atrás. Quieras o no emergen nuevas creencias, reflexiones y otras realidades sobre el amor, la pareja y la familia, estos tres grandes vocablos que tanto dictaminan a algunos y tanto aborrecen a otros. En el imaginario actual ya no se jura amor eterno ni se habla “para toda la vida”, el “no quiero ser madre” es todo un claim y la palabra “poliamor” habita en boca de todos. Es desde aquí, desde este nuevo molde contemporáneo, donde nace Tinder y se despierta el boom de las llamadas “apps para ligar”. Hoy en día quién no tiene un amigo asiduo al amor virtual, un detractor de las ciber-relaciones y hasta alguno que, contra todo pronóstico, ha encontrado su media naranja. ¿Qué nos pasa? ¿Por qué le hemos cogido tanto gusto al “next”?

Pues porque nos ahorra tiempo, esfuerzo y energía. El forzoso ritmo frenético y trepidante al que estamos sometidos no deja espacio para mucho más, y ahí ha venido Tinder para salvarnos y para acabar con nuestros problemas, ineptitudes emocionales, estrecheces y vergüenzas. Mientras el tiempo es oro, el amor es una balsa de aceite.

¿Estamos subestimando el AMOR? ¿A quién regalamos “likes” sin discernimiento alguno? ¿¡Qué nos pasa!?

Pues dadas estas circunstancias creo que no nos queda otra que aceptar que sí, que somos la sociedad de lo efímero y de la inmediatez. Trocamos el ritual de la conquista por las citas rápidas y aptas para todos aquellos que nos encontramos ante un estancamiento estático de nuestro círculo social. Estamos mercantilizando las relaciones y empujando los encuentros esporádicos, pero ojo, que si lo que buscas es una relación duradera, los resultados que puedas obtener con 2 citas, 3 botellas de vino y 4 polvos no creo que sean los que habías planeado.

Pero al final, dejando de criticar y centrándonos en la obviedad, el canal comunicativo, natural y orgánico de las “new generations” son las redes sociales, por qué engañarnos. En positivo, las apps para ligar no han hecho nada más que adaptarse a nuestro estilo de vida. No negaremos que frivoliza las relaciones y que comercializa al ser con el “sí” y el “no”, pero bueno, nada más alejado que la reverberación de nuestras nuevas monedas de cambio: los likes y los followers. Y por si fuera poco, el señor Tinder & Co también ensalza otro de nuestros constructos favoritos, otra satisfacción de esta “generación bulímica”: el “quiero más”. Ante la sensación y la posibilidad de que existan candidatos infinitos, nuestras ansias insaciables crecen a la desesperada; “venga va, 10 más y paro”, o “este me gusta, pero igual hay alguno mejor”.

Sin embargo hay que tener cuidado con ciertas tendencias frecuentes y repetitivas. Qué me decís de la hiperidealización que se prosigue al ver un candidato bien plantado, artista, cocinillas, amante de los animales y además, escalador. Pues que te metes una ostia como un piano, eso es lo que pasa.

 

 

Pues porque nos ahorra tiempo, esfuerzo y energía. El forzoso ritmo frenético y trepidante al que estamos sometidos no deja espacio para mucho más, y ahí ha venido Tinder para salvarnos y para acabar con nuestros problemas, ineptitudes emocionales, estrecheces y vergüenzas. Mientras el tiempo es oro, el amor es una balsa de aceite.

¿Estamos subestimando el AMOR? ¿A quién regalamos “likes” sin discernimiento alguno? ¿¡Qué nos pasa!?

Pues dadas estas circunstancias creo que no nos queda otra que aceptar que sí, que somos la sociedad de lo efímero y de la inmediatez. Trocamos el ritual de la conquista por las citas rápidas y aptas para todos aquellos que nos encontramos ante un estancamiento estático de nuestro círculo social. Estamos mercantilizando las relaciones y empujando los encuentros esporádicos, pero ojo, que si lo que buscas es una relación duradera, los resultados que puedas obtener con 2 citas, 3 botellas de vino y 4 polvos no creo que sean los que habías planeado.

Pero al final, dejando de criticar y centrándonos en la obviedad, el canal comunicativo, natural y orgánico de las “new generations” son las redes sociales, por qué engañarnos. En positivo, las apps para ligar no han hecho nada más que adaptarse a nuestro estilo de vida. No negaremos que frivoliza las relaciones y que comercializa al ser con el “sí” y el “no”, pero bueno, nada más alejado que la reverberación de nuestras nuevas monedas de cambio: los likes y los followers. Y por si fuera poco, el señor Tinder & Co también ensalza otro de nuestros constructos favoritos, otra satisfacción de esta “generación bulímica”: el “quiero más”. Ante la sensación y la posibilidad de que existan candidatos infinitos, nuestras ansias insaciables crecen a la desesperada; “venga va, 10 más y paro”, o “este me gusta, pero igual hay alguno mejor”.

Sin embargo hay que tener cuidado con ciertas tendencias frecuentes y repetitivas. Qué me decís de la hiperidealización que se prosigue al ver un candidato bien plantado, artista, cocinillas, amante de los animales y además, escalador. Pues que te metes una ostia como un piano, eso es lo que pasa.

 

 

Asimismo, Tinder ha evolucionado. Estamos en un momento de gran apertura sexual y los jóvenes tienen enteramente integrada la homosexualidad, la bisexualidad, la pluralidad de géneros y el “séloquetedelaganaser”, ¡menos mal! Las apps, que se han dado cuenta de ello, han impulsado el formato gamificado permitiéndonos hacer match con todo tipo de experiencias (trios, swingers, drugsex…) y posibilitándonos conectar con la sociedad del juego y del riesgo. Por otro lado, Tinder se ha versatilizado tanto que puedes hasta encontrarte a un vendedor ambulante, al camello del barrio o a Enrique Iglesias presentado su último single. La llama más popular del momento se ha convertido en una arma letal que no sólo hace de Cupido, sino que también se acoge a las dinámicas de un dealer o de Wallapop. Y cómo olvidarnos del Tinder Social, la plataforma perfecta para acudir a una cita con tu mejor amiga y apaciguar así los tediosos y nauseabundos nervios iniciales mientras sales del Metro sin saber con quién demonios te vas a encontrar. ¡Y no sólo eso! Si al final el amigo no te hace el peso, siempre puedes hacer discretos tratos con tu compinche y acordar un intercambio ágil y estipulado de las presas previamente adjudicadas. Pero aquí no acaba todo. Por último y como postrero despliegue de las 1000 y una maravillas que esta aplicación te puede ofrecer, llega Tinder Premium, el aliado perfecto de la first class. Si eres una celebrity, un rostro bello o alguien que suele relacionarse con el resto de mortales a través de unas gafas de sol, esto es para ti. La aplicación de fuego trae una especialidad solamente apta para influyentes, ¿qué más se le puede pedir a esta herramienta?

A raíz de esta fiebre y frenesí, han sido muchos los cuervos hambrientos que han querido sumarse al banquete, y de ahí la aparición del largo e interminable repertorio de satélites y derivados de esta aplicación. Bumble, donde la mujer lleva el látigo, Happen, en la que si alguien te guiña el ojo ya no te escapas o Adopta Un Tío, en la que vas al Supermecado y escoges al hombre perfecto de pies a cabeza, literalmente, y todas ellas se diferencian por usar un embudo más estrecho a la hora de arrojar candidatos, algo que Tinder está perfeccionando para futuras actualizaciones.

¿Y qué es lo que vendrá después? Pues como todo, que muta, Tinder también mutará, y lo que está claro es que las app’s de citas van a correr hacia dos direcciones: la superespecialización y las apps dedicadas al amor verdadero. Las primeras responden a una obviedad, pues si hay más oferta debe haber más diferenciación, y si hay más apertura debe haber Tinder para todos los gustos: modernos, traperos, amantes de los perros, o de los gatos, para trios, para orgías y para todo lo que te puedas imaginar. El segundo caso, en cambio, florece necesariamente como contratendencia a la promiscuidad. El conservadurismo vuelve pisando fuerte, así que no os extrañe que pronto tengamos a un séquito del orden y la estructura divulgando todo lo que hemos hecho mal durante este tiempo.

No obstante, a parte del desamor que paradójicamente conllevan las aplicaciones de la pasión, de los prejuicios y críticas que reciben por parte de un sector más decoroso, decente, indignado y (un tanto) casposo y por la vaga credulidad que nos otorgan aquellos a quienes les gusta llamarnos losers (seguramente porque tuvieron la suerte de encontrar al amor verdadero en edad temprana y son incapaces de empatizar con la frustración y la presión social de aquellos que aún no lo hemos encontrado), Tinder tiene muchas cosas buenas, y punto. Nos ha arrancado a más de uno de una sequía interminable, nos ha regalado momentos gloriosos e inolvidables, nos ha servido anécdotas para sacar en todas las cenas y nos ha ofrecido placeres que pasarán a la vitrina y a la historia de nuestros logros sexuales. Y aunque aún se hallen incrédulos, también ha impulsado bonitas amistades y ha obsequiado a algunos afortunados con el amor eterno. Y así damos por finalizado este compendio sobre Tinder, evoluciones del siglo XXI y otras (y nuevas) formas de amar.  

 

 

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